Como Dédalo e Ícaro, Rafael y Mariano vuelan con alas prestadas sobre el cielo de Lima, la única diferencia es que ellos no huyen de Minos, el déspota rey de Creta donde estaban encarcelados, sino de la rutina. Así que buscando emociones se pusieron a volar y por compartir con los demás lograron hacer del parapente uno de los atractivos turísticos más vistosos de la capital. Ellos toman la libertad que les da el viento, con las precauciones del caso, no como Ícaro que haciendo caso omiso a Dédalo, su padre y constructor del artefacto volador en el que se dirigía hacia el paraíso, se acercó tanto al sol que derritió la cera que unía las plumas y cayó al mar.
El parapente si bien es cierto no lo practicamos todos pues implica mucho coraje en búsqueda de nuevas experiencias, emociones y full adrenalina, como Rafael y Mariano, dos jóvenes pilotos y muy apasionados nos cuentan sus mejores y peores momentos vividos volando en el cielo limeño como una de las cosas más maravillosas que han hecho en su vida.
Disfruten de esta entrevista porque, no serán personajes de la mitología griega pero están bien churros.